DUELO
Conceptos
del Duelo:
Según el DSM-IV-TR (APA, 2005) el duelo es una reacción a la muerte de
una persona querida acompañada por síntomas característicos de un episodio de depresión
mayor (tristeza, insomnio, adedonia).
Freud se refirió a la experiencia de duelo como “la reacción frente a
una pérdida de una persona amada o como una abstracción que haga sus veces,
como la patria, la libertad, un ideal”
Según Fuente es un proceso emocional y conductual definido, sujeto a variaciones
individuales que dependen del carácter del sujeto con el “objeto” perdido, del
significado que tiene para él esa perdida y de repertorio de recursos de que se
dispone para contender con ella.
Según Bucay, el duelo es el proceso normal de elaboración de una
perdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna
y externa frente a una nueva realidad.
Conclusión:
Es un proceso de transito emocional, adaptación a la perdida. Es un reacción emocional de una perdida (perdida de un empleo, pérdida de un ser querido, pérdida de una relación, etc.), este es un proceso de rompimiento de vínculos afectivos. Aunque convencionalmente se ha enfocado la respuesta emocional de la pérdida, el duelo también tiene una dimensión física, cognitiva, filosófica y de la conducta que es vital en el comportamiento humano.
Duelo complicado
Se considera duelo complicado a la presencia de síntomas relacionados
con el duelo un tiempo superior al que se considera adaptativo, tiempo aún en
discusión, algunos autores consideran que es entre 4 a 6 meses, otros desde un
año a un año y medio. Lo cierto es que hay individuos que requieren más tiempo
para adaptarse a la pérdida y no es posible aplicar un límite cronológico
estricto.
Se ha intentado establecer si existe algún signo o síntoma
característico del duelo complicado pero la variable expresión de las
respuestas al duelo lo hacen difícil. Los síntomas que no están relacionados
con deterioro en el ajuste del individuo deben considerarse normales, y
aquellos que muestran riesgo de perturbar el bienestar y adaptación deben ser considerados
como indicativos de duelo complicado, como el nivel de rendimiento en sus
ocupaciones y en su desarrollo social.
Horowitz y Cols. (1997) realizaron un intento de delimitar el cuadro
clínico y crearon un grupo de signos y síntomas que podrían ser considerados
como criterios diagnósticos del trastorno por duelo complicado:
- Recuerdos o fantasías intensivas relacionadas con la relación perdida
- Períodos intensos de intensas emociones relacionadas con la pérdida.
- Anhelo y deseo intenso de que el fallecido esté presente
- Sentimientos de soledad o vacío
- Permanencia excesiva en lugares, actividades y personas que recuerdan al fallecido
- Trastorno del sueño
- Pérdida de interés en el trabajo, a nivel social o en las actividades lúdicas alcanzando la mala adaptación.
Factores
de Riesgo generales
Circunstancias traumáticas, muerte de esposo, hijo, o de un padre;
muerte inesperada, repentina y fuera de tiempo, muertes múltiples, muerte por
suicidio, muerte por homicidio, personas vulnerables - baja autoestima en
general, desorden psiquiátrico previo, amenazas o intentos de suicidio previos,
familia ausente o inútil.
Factores
de riesgo específicos:
Vínculo ambivalente con el fallecido, vínculo dependiente o
interdependiente con el fallecido, apego inseguro a los padres durante la niñez
Fases del
duelo
- Negación: Existen frases muy corrientes como “esto no puede ser verdad, se han confundido” o “no es posible, si ayer estaba perfectamente cuando le vi”. En esta fase existe una cierta incapacidad de mostrar sufrimiento ya que nuestra mente da prioridad a los aspectos sociales y administrativos, como la preparación del funeral, la comunicación del fallecimiento a los familiares, vecinos o amigos.
- Rabia y agresividad: Responden con emociones de disconformidad dirigida contra todo y contra todos. Nos sentimos víctimas de una injusticia (¿por qué me ha tenido que tocar precisamente a mí?) y vemos a los demás como unos privilegiados por el simple hecho de estar vivos. Clamamos contra la fatalidad y el destino y nos enfadamos.
- Negociación: En ella la cabeza nos dice que lo hemos perdido definitivamente, pero nuestro corazón se resiste a aceptar la pérdida. En un intento de que la falta no sea tan dolorosa, podemos sentir la necesidad de acudir a visitar con periodicidad al difunto al cementerio, de hablar con su imagen plasmada en una foto o de sentir su presencia en diferentes sitios del domicilio (la cama, su silla…).
- Tristeza: Admitir que la pérdida es definitiva, que se debe seguir viviendo pero sin el difunto, provoca tristeza y falta de interés por las cosas y por el futuro, apatía y sensación de empeoramiento de la salud propia.
- Aceptación: En esta fase somos conscientes de que, a pesar de la pérdida, aceptamos que la vida sigue y somos capaces de reintegrarnos a ella recuperando progresivamente las capacidades física y mental alteradas en las fases anteriores.
El duelo mal
elaborado:
El trabajo del duelo es un proceso que, si se realiza
adecuadamente, puede dar lugar al crecimiento y enriquecimiento psicosocial. Hay
que tener en cuenta que el duelo no patológico supone un reto para la evolución
cultural del individuo y de la sociedad.
En algunos casos, la vivencia de la perdida puede
conducir a estados de shock emocional, con estrechamiento del campo de conciencia,
sensación de irrealidad e, incluso la ideación delirante. El diagnóstico clínico
más común en el duelo mal elaborado es el trastorno depresivo.
Duelo y familia
El sistema familiar es una
unidad psíquica, que incluye a cada individuo sin desvirtuar la condición autónoma
e independiente de sus integrantes. En el duelo se observa al
individuo sumergido en otro nivel, sin perder su integración a la familia. En
este sentido, se evidencia la emergencia de la interacción, conexión o vínculo
de los diferentes miembros.
La unidad psíquica
(familia) usa a sus componentes de forma diversa, y es esa manera particular en
la que cada persona es utilizada y el modo en el que está inscrita en la
historia actual y transgeneracional lo determinante en la resolución del
fenómeno de la separación, la muerte y el duelo. La muerte de un miembro de la
familia rompe la unidad psíquica del grupo, por lo tanto se pierde parte de la
estructura del sistema para siempre y se alteran los elementos que la caracterizan,
la corporalidad, las relaciones, los vínculos, los nexos, las conexiones y las pautas.
El sistema familiar como
tal ya no existe, ahora es “otro” y así debe estructurarse a partir de un nuevo
espacio y un tiempo vaciados. Esto exige una nueva
organización, un nuevo estilo de conectarse y de relacionarse entre los miembros
sobrevivientes.
El equilibrio homeostático
original se altera y en el desequilibrio deben encontrarse las soluciones para
volver a organizarse. Esto puede lograrse a través de un proceso de duelo normal.
El duelo normal en la familia, al igual que en el proceso de duelo individual,
supone un cambio, y, si este no se asume, comenzarán las dificultades al interior
de esta. Si bien lo más común es que los duelos se resuelvan de modo satisfactorio,
existen posibilidades de que este proceso se altere.
Duelo y
aflicción
La reacción que produce la pérdida, en especial si se trata de la muerte de alguien importante o de la destrucción de objetos simbólicos en la vida emocional de la persona.
Pérdida y
duelo en situaciones de desastre
Las reacciones de pérdida, duelo y aflicción son
conceptos sumamente útiles en el trabajo con damnificados. Aunque el análisis
de las pérdidas suele enfocarse en la muerte, en la etapa posterior al desastre
puede abarcar también:
- Destrucción de bienes materiales.
- Desempleo repentino.
- Deterioro de los procesos físicos, sociales o psicológicos.
Proceso de Duelo Después del Desastre
La aflicción es una respuesta natural, reflexiva,
psicológica que empieza en la infancia después de una pérdida de cualquier
clase. Ésta forma parte del proceso de recuperación y depende de la intensidad
y carácter de la pérdida, así como de la situación de la persona.
La reacción que produce la pérdida, en especial si se trata de la muerte de alguien importante o de la destrucción de objetos simbólicos en la vida emocional de la persona.
Las barreras que impiden el proceso de aflicción y
duelo son:
- La satisfacción inadecuada de las necesidades básicas de la infancia.
- Múltiples pérdidas anteriores.
- El carácter de la relación con la persona desaparecida; por ejemplo, ambivalencia, dependencia excesiva o conflictos no resueltos.
- Las circunstancias de la pérdida súbita; es decir, si fue violenta o si no se puede recuperar al cadáver.
- Los valores culturales como “hacerse el fuerte, sin llorar”
Muchos profesionales han llamado la atención hacia el
proceso de cinco pasos del duelo por el que pasan las víctimas de los
desastres:
- Negación.
- Furia/ira.
- Negociación.
- Depresión.
- Aceptación/resignación.
Estas cinco etapas no siempre ocurren, ni lo hacen
siempre en un orden determinado. Sin embargo, las etapas y su orden están
sujetas a la influencia decisiva de la personalidad y actitud general de la
persona hacia la vida. La intervención terapéutica ayuda a la persona en duelo
a progresar en el proceso, si “se atasca” o tiene problemas para resignarse.
Los procesos de duelo, aflicción y luto incluyen
elementos cognoscitivos que con frecuencia se expresan en forma de síntomas
físicos o psicológicos. El proceso empieza con el reconocimiento y aceptación
de la pérdida. El individuo necesita aceptar la realidad intelectual y
emocionalmente.
La función
terapéutica del duelo: restaurar la pérdida y el mundo interno
Casi todas las cultura, la
muerte de una persona integrante del grupo social se afronta mediante algún rito
que ayude a tomar conciencia de la perdida, a expresa las emocione en sociedad,
a facilitar a quienes quedan a asumir los roles que desempeñaba la persona desaparecida,
a integrar la inadmisible de la muerte.
La ritualización ayuda a sumir el vacío que
deja en el grupo la pérdida de uno de sus miembros. El rito cumple una función terapéutica
necesaria para el equilibrio de los y los supervivientes.
Referencias:
http://testamentovital.wikispaces.com/file/view/Guia_duelo_final.pdf
http://helid.digicollection.org/es/d/Jh0187s/5.3.html






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