Manejo de
cadáveres en situaciones de desastre
El manejo de los fallecidos comprende una serie de actividades que
comienzan con la búsqueda de los cuerpos, su localización, la identificación in
situ, el traslado al centro escogido como morgue, la entrega a sus familiares y
la ayuda que el Estado brinde para su disposición final siguiendo los ritos religiosos
y costumbres culturales de sus familiares y la comunidad. La coordinación entre
los equipos de respuesta debe evitar la pérdida de recursos o la duplicación
innecesaria de trabajo y esfuerzos. Es por eso que el Comité Operativo de
Emergencias del país debe tener como una de sus funciones el manejo de los
cadáveres en las situaciones de desastre.
La institución debe velar por la coordinación entre todas las
instituciones y las funciones relacionadas con el manejo de los cadáveres que
cada una de ellas realiza.
Funciones
La meta más importante de la coordinación del programa es producir un
trabajo coordinado entre las diferentes instituciones mediante:
- Un liderazgo efectivo
- La creación de un cuerpo directivo
- La determinación de prioridades de intervención
- Prevenir la duplicación de esfuerzo
- Comunicación efectiva entre las instituciones y con la comunidad.
- La uniformidad de procedimientos mediante la creación de estándares y guías comunes que abarquen todo el proceso
Preparación del plan
- Obtener la situación actual
- Planificar las características generales de la respuesta administrativa
- Subdividir los planes en unidades autosuficientes.
- Difundir ampliamente el plan. Todos los involucrados en el manejo de los cadáveres deben conocer la existencia de este plan y estar familiarizados con el mismo.
- Realizar ejercicios periódicos para poner a prueba el plan.
- Tener como referencia los datos básicos proporcionados por el Centro de
- Operaciones de Emergencia del país, que incluyan datos demográficos básicos y epidemiológicos.
TRABAJO MÉDICO-LEGAL
La conformación de un grupo para el manejo masivo de cadáveres en situaciones de desastre puede variar de un país a otro o de una región a otra, pero también de un evento a otro, según muchos factores y condiciones, que van desde la existencia de personas calificadas y aptas físicamente para la labor, contar con los recursos materiales imprescindibles o que faciliten la actuación, y la capacidad de respuesta del país afectado, hasta las condiciones específicas en que se encuentre el lugar y la labor o el conocimiento de las reglas de esta actuación por parte de las autoridades decisorias en cada momento.
La función del equipo de manejo, identificación y disposición de
cadáveres se basa en las ciencias forenses, por lo que se requiere de un equipo
multidisciplinario.
Existen situaciones en las que no existe la posibilidad de reunir a todos
sus integrantes, razón por la cual es necesario que el médico que actúa conozca
las principales acciones que debe llevar a cabo.
Es importante anotar la estrecha unión que debe existir entre todos los
profesionales y expertos que participan en el evento o, en su defecto, que el
médico que actúa trate de cumplir en la medida de sus posibilidades con esos
objetivos. Cualquier texto de medicina legal, antropología forense o criminalística,
en general, nos brinda la información necesaria para cumplir con cada uno de
los objetivos antes señalados. Por lo tanto, no nos referiremos aquí a cómo
realizar el diagnóstico de la muerte ni a precisar sus circunstancias, ni
tampoco cómo establecer la identidad desde el punto de vista
antropológico-forense, entre otros conocimientos necesarios para poder
enfrentar adecuadamente estas contingencias, los cuales son tema de estudio de
esas ciencias en particular. Este capítulo orienta a los lectores sobre los
pasos que se deben seguir para saber cómo organizar las fuerzas para enfrentar
esta compleja contingencia, y dar una voz de alerta en los aspectos
organizativos y gerenciales de importancia en los preparativos de desastre en
los que exista un manejo masivo de cadáveres.
ASPECTOS
SOCIOCULTURALES
EL
RITO FUNERARIO
La sociedad es un sistema de relaciones construido entre individuos
ligados por lazos de simpatía y de utilidad, cuya convivencia es regulada por
costumbres y normas.
La muerte es el más poderoso y misterioso de los cambios que afectan el
ciclo de la vida humana, es una amenaza que tiene el poder de destruir las
estructuras familiares y romper los lazos de una comunidad. La muerte del
organismo humano, fenómeno biológico, no conlleva la desaparición de los lazos
afectivos e interrelaciones - de toda índole - de la persona fallecida con los
miembros del grupo social. Por ello, en la medida en que el ser humano ha
desarrollado su capacidad de conceptualizar, construye y vive en una realidad
psíquica en la que su relación con el difunto persiste, dinámica e
inmodificada, hasta tanto se realice apropiadamente el duelo.
El origen del culto a los muertos se encuentra íntimamente ligado con el
nacimiento mismo de la civilización y está en estrecha relación con ella: el
deseo de hacer presentes y perpetuar a las personas y cosas ausentes, obligó al
hombre a crear representaciones, inicialmente pictóricas y sonoras, hasta
llegar posteriormente a la elaboración de palabras. Con ellas nominó estas
representaciones lo que permitió y le permite al hombre abordar psíquicamente
los aspectos conceptuales del mundo. Así, la idea de “otra vida” o “más allá”
se concibe como un mundo invisible, habitado por las almas de los muertos y por
dioses y demonios, como los manifiestos en el poder de la naturaleza. Ese más
allá se relaciona con la aparición de la religión (del latín religare, reunir)
que sirve de base al lazo social.
Los rituales implican el uso simbólico de movimientos y gestos
corporales para expresar y articular significados en torno a una situación social.
Se usan para estructurar la sociedad, iniciar a la gente dentro de una comunidad,
aportar guías para el comportamiento humano, dar significación a aspectos
importantes de la vida, marcar transiciones y conectar la emoción y la razón a
través de una acción o un acto físico.
Los rituales son pilares de la organización social y constituyen formas
de comunicación dentro de la cultura cuya función es mantener el control de
eventos que, de otra forma, podrían causar graves trastornos en el desempeño
social del grupo.
EL
VALOR SIMBÓLICO DEL CADÁVER Y LA SEPULTURA
El cadáver tiene un valor simbólico de gran fuerza para familias y
comunidades de todas las culturas y credos. Este valor simbólico proviene del
poder de evocación que tiene el cadáver como objeto material y que se explica
porque nuestra noción de realidad se basa en la imagen que tenemos de los
objetos y, en general, de su percepción a través de los sentidos. La cultura se
construye sobre las bases simbólicas determinadas por el estrecho e indisoluble
vínculo entre el objeto y su representación.
En este sentido, la vinculación que los miembros de una familia
mantienen con sus muertos es de tipo simbólico y religioso, y se establece a
través de los objetos materiales que los evocan; este significado no existe por
fuera de dicho poder de evocación.
La sepultura cumple esta función de mediatización y, además, como
ejercicio de un derecho, se materializa en la posibilidad de construir una
tumba, mantenerla y visitarla, en una relación similar a la que los creyentes
tienen con los objetos de culto: es el ejercicio del derecho a conservar el objeto
material depositario de la evocación simbólica. Este ejercicio como derecho le
impone al Estado el deber de garantizarlo.
EL
DUELO Y LOS RITUALES EN CIRCUNSTANCIAS DE DESASTRE
En todos, sin excepción, se remarca y se recuerda a la persona en su
identidad la cual es, en ocasiones, crítica en desastres masivos o muertes
colectivas, relegada a segundo término y muchas veces postergada u omitida.
Arroja luces sobre la importancia de la identidad la experiencia
respecto a algunas muertes violentas por ejemplo, en conflicto armado. Aunque
sea factible la identificación del cadáver por los métodos tradicionales, los
deudos prefieren a veces no reclamar el cuerpo para darle la debida sepultura
por temor a represalias o para evitar ser relacionados por las autoridades.
En estas circunstancias, pueden incluso no referir el nombre del
fallecido, así el muerto sea inhumado sin identificar por el Estado. Diversos
estudios revelan las dificultades del duelo en los casos de desaparición,
agravada en los casos en que se sospecha homicidio político o de otra índole,
por ideas no verificables ni desechables de sufrimiento y dolor infligidos al
ser querido al no disponer del cuerpo debidamente identificado. El que no se
puedan realizar los rituales condena a la familia a una segunda muerte, la
muerte simbólica de su ser querido, al carecer tan siquiera de una tumba que
perpetúe su nombre y le dé la dignidad social que implica el reconocimiento de
la identidad y su inscripción en la cadena generacional de una familiar.
Ya sea que se trate de muertes violentas en desastres masivos o en
conflicto armado, son válidas todas las consideraciones de orden sociocultural
hasta aquí planteadas acerca del derecho al ritual y al duelo por parte de los
deudos.

.jpg)
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario